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Sunday, December 22, 2013

Adictos a la escritura: Capicúa

¡Hola, holaaaaa!
Vengo a dejarles el relato del mes para Adictos, una vez más, super improvisado :D
(estaba con finales y muchas cosillas más, recién ayer fui libre ^^). Lo bueno de Adictos a la escritura, parece, no es solo que me hace escribir sobre temas que generalmente no escribo, sino que me gusta tanto participar que con tal de no perderme un solo mes me ayuda a entrenar mis dotes improvisadoras jaja

Bien, el ejercicio del mes era "El Tic navideño". Tenía otra cosa en mente, pero saben lo mucho que a mí me gusta crear psicópatas, historias locas y gente rara, así que... acá va:



Capicúa 


  Dos manzanas, un durazno, tres bananas, cuatro kiwis, tres bananas, un durazno, dos manzanas. Le llevaba una eternidad preparar la cena navideña, en especial su clásica ensalada de frutas con los trocitos minuciosamente contados, pero estaba cien por ciento convencida de que algo espantoso pasaría el día que dejara de hacer las cosas siguiendo un patrón capicúa.

  No era sencillo vivir así. Tenía que calcular el tiempo que le llevaba ducharse (25,2 minutos, se había comprado un cronometro sumergible), la cantidad de veces que se cepillaba los dientes (21 veces a la derecha, 22 en el centro, 12 a la izquierda, y alternando, luego de que una visita al dentista revelara que un lado de su boca estaba más limpio y saludable que el otro), el número de aceitunas en la pizza, los colores de su vestimenta para cada día de la semana, el orden en el que se llevaba los alimentos a la boca y bebía, el gasto para la cena en el supermercado. Todo, todo, todo debía ser capicúa o algo terrible, terrible ocurriría.

  Algunas cosas se salían de su control, pero para que no contaran, trataba de equilibrarlas para evitar la desgracia. Por culpa de quién sea que inventó el calendario con más años que meses, y de quién haya decidido adoptarlo, su boda no pudo ser en fecha capicúa. Pero nada, ni Beto –el novio– ni su suegra, que quería que se casaran el día de la Virgen, pudieron evitar que diera el sí un 21 de diciembre a las diez y un minuto de la mañana.

  Con el parto de sus hijos no tuvo tanta suerte, no tuvo control ni de fecha ni de hora, y eso que intentó con todas sus fuerzas no romper fuente antes de algún día capicúa, pero los desconsiderados de sus hijos nonatos nacieron cuando quisieron, indiferentes a sus deseos. ¡Ya desde el útero llevándole la contraría!

  Tuvo que desquitarse (y acomodar el destino) con los nombres, Ana llegó primero, seguida por unos años de Ara. El benjamín de la familia, que no se llamó Benjamín, sino Eze, se hizo rogar, pero llegó y no supo que su nombre tenía más letras, que jamás debían ser nombradas, hasta que empezó la primaria. Entonces, con los años llegaron los nietos y… ¡Con la familia sí que le había sonreído la suerte! ¡Dos nietos, dos nietitos más y tendría el patrón familiar perfecto! Tenía cuatro nietas y un nieto, pero no cuatro nietas y un nieto, sino una nieta, otra nieta, un nieto y dos nietas, en ese orden nacidos. Ella, Beto, Ana, Ara, Eze, sus dos nietas mayores, su nieto y sus dos nietas menores. ¡Un nieto y una nieta más, en ese orden, y tendría una familia capicúa!

  Pero no era tan simple, y ya empezaba a desesperar. La menopausia amenazaba sobre Ana y Ara (y sobre toda la humanidad, ¡si esos chicos no nacían, algo terrible ocurriría!), y Eze, el más prolifero de sus hijos, después de la llegada inesperada de gemelas cuando su hijo aún era un bebito, ¡había decidido cerrar la fábrica! ¡Eran una desgracia!

  A falta de probabilidades, le quedaban esperanza y maña, y está navidad sugeriría durante la cena que sus nietas mayores ya estaban en buena edad para hacerla bisabuela. (Porque le encantaría vivir lo suficiente para disfrutar de los hijitos de sus nietitos, ¡y le quedaba tan poco! ¡Tan poco! La fragilidad de la vida siempre funcionaba para ablandar –es decir, manipular– almas).

  Si algo amaba de la cena navideña, a pesar de los tres días que le llevaba prepararla, es que había espacio y variedad suficiente para armar un lindo patrón gastronómico, que compensaba que yernos y nuera vinieran a romper con su patrón familiar casi perfecto.

  Comía tres cucharadas de cada cosa (en días festivos, estaba bien relajar y simplificar un poco los cálculos), esperando la oportunidad perfecta para sacar el tema bisnietos, cuando Eze se puso de pie y pidió un brindis. El corazón empezó a saltarle en el pecho. ¿Podía ser? ¡Por favor que fuera! ¡Que no fuera un tonto ascenso o un viaje a Europa! ¡Que fuera un nieto! ¡Que fuera un nieto!

  ––No van a creerlo ––dijo su hijo, con ojos brillantes, mejillas encendidas y la mano en el vientre de su esposa. ¡Sí, sí era! ¡Iba a ponerse a saltar de felicidad de un momento a otro! ¡Un nietito! Eze tomó aire sonriente––. Diles, querida.

  Su nuera sonrió dejando ver absolutamente todos sus radiantes dientes.

  ––¡¿Pueden creerlo?! ¡Es otra nena!

  No podía creerlo, otra… otra ¿nena? ¿Una nieta?

  Mientras todos estallaban en risas, abrazos y gritos de alegría, ella se quedó helada mirando el vacio, mientras su mundo se venía abajo. ¡No podía ser! ¡Su patrón! ¡La nieta no debía llegar hasta después de otro nieto varón! Ella, Beto, Ana, Ara, Eze, nieta, nieta, nieto, nieta, nieta, nieto, nieta. Patrón perfecto e inalterable, no estaba dispuesta a permitir que algo lo rompiera. Pero con una nieta ahora… ahora…

  Sabía que algo terrible ocurriría… ahora tendría que matar a Beto.



Espero que les guste :)
Es improvisado, pero me divertí mucho escribiéndolo y me rompí un poquito la cabeza porque el patrón familiar no me daba y no me daba (yo no soy como la prota jaja, a mí no se me dan bien estas cosas xD), y necesitaba matar a Beto (esa fue la frase que desencadenó todo el relato ^^).

¡Felices fiestas a todos! ¡Y recuerden las obsesiones dominantes de sus madres y/o abuelas antes de dar alguna noticia importante en la mesa :P)

Wednesday, November 27, 2013

Adictos a la escritura: Luz

¡Hola, hola! ¿Cómo están?
Yo vengo a dejarles mi relato del mes para Adictos a la escritura :D
Honestamente, no iba a participar este mes. La consigna era "YO" y consistía en escribir un relato desde el punto de vista de un personaje del sexo opuesto al tuyo. Me gustó la idea, pero entre universidad y algunas cosas muy feas que pasaron en estos días, la inspiración no llegó. Entonces esta mañana, mis dos amigos imaginarios favoritos aparecieron en plan de "¿Cómo es eso que no sabes qué escribir? ¡Escribí sobre nosotros, mierda!" Y bueno, además de pensar que son unos mal educados, me di cuenta que sí quería escribir sobre ellos. Así que acá está:



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LUZ

 El día que mis mejores amigos en la vida nacieron, su padre, el mejor amigo del mío, me llevó hasta la cuna y me preguntó qué pensaba.
 ––Son horribles ––admití con la sinceridad matadora de mis tres años. Esos dos bultos rubios y rojos de tanto berrear, a luz de la infancia y los celos, eran la cosa más espantosa que había visto en mi corta vida. El tiempo, un sinfín de chicas que parecían salir de hasta debajo de las piedras y un diseñador famoso de alta moda, se encargaron de contradecirme.
 ––¿Los querrás de todas formas, verdad? ––me preguntó fingiendo largarse a llorar por mi comentario.
 ––Bueno ––dije por compromiso, porque a él sí lo quería mucho. No sabía si podría querer esas cosas, pero los quise y pronto fueron como mis hermanos.
 Veranos eternos de aventuras y travesuras son lo único que recuerdo si en algún rapto de nostalgia me encuentro pensando en mi infancia. Veranos eternos y berrinches por triplicado cuando tenía que abandonar su casa, mi casa, para regresar con mis padres a la nuestra, que no sentía mía.
 No tengo idea exactamente cuándo, en el transcurso de los dieciocho años siguientes, los sentimientos fraternales mutaron y pasé de tener dos hermanos del alma a uno y un amor imposible. Si me lo preguntan, no veo un inicio, siento que así fue desde siempre. No hay nada que indique que así haya sido, no hay nada que indique no lo fuera. Solo sé que la madrugada en la que uno de ellos entró a mi cuarto pálido como una aparición y, con la misma suavidad etérea, se deslizó a mi lado entre las sábanas, toda la culpa que la poca sinceridad sobre mis sentimientos provocaba desapareció por completo.
 ––¿Cuál eres? ––pregunté luego de dos noches de, en mutismo total, escabullirse para dormir a mi lado y desaparecer antes que despertara y pudiera enfrentarlo. Sabía que aquella pregunta acarrearía una respuesta violenta (por lo general, incluía patadas. Les divertía desconcertar a las personas, pero si por error los confundías era un insulto. Bastante irónico considerando que parecía no bastarles con ser idénticos, también se cortaban igual el pelo y vestían parecido). A pesar de eso, se me daba naturalmente diferenciarlos y en el fondo de mi alma sabía perfectamente quién yacía a mi lado, pero no me animaba a confiar en mis certezas.
 No hubo patadas. No hubo respuesta.
 ––¿Qué quieres? ––insistí, frunciendo el ceño.
 ––A ti ––susurró con una sonrisa enterrada en la almohada. Y ya no dijo más nada.
 Pasada la confusión y la emoción inicial, bullí toda la noche de rabia.
 ¡Los gemelos y sus putas bromas! ¿Cómo podía ser tan ingenuo?  
 Entré hecho una furia a su habitación por la mañana y los desperté a almohadazos. Sí, el muy desgraciado me abandonaba temprano por la mañana para volver junto a su hermano. ¿Se reirían de mi confusión antes o después de volver a dormirse? No sé cuál despertó primero, solo sé de repente el que estaba siendo masacrado a almohadazos era yo, y los gemelos desconocían el concepto de piedad cuando de torturarme se trataba.
 ––¡No es gracioso! ––exclamé, escupiendo plumas.
 ––¡Tú empezaste! ––dijo una voz desde alguna parte encima mío.
 ––¡No es eso!¡No es gracioso lo que están haciendo! ¡Echaré a patadas al próximo que entre a mi cuarto por la noche! ¡Quedan advertidos!
 Los golpes se detuvieron para dar lugar a las risas.
 ––¿De qué hablas? ––dijo Mike.
 ––Uno de los dos, si no los dos, sabe perfectamente de qué hablo ––dije indignado.
 Mike me sonrió genuinamente confundido y tiró de la cama de un almohadonazo a su hermano al grito de  “Le diste muy duro, ya está delirando”. Luego de una breve pelea que no fue más que una excusa para destrozar la única almohada que quedaba sana, negaron rotundamente saber de que hablaba, y fingí olvidarlo por el resto del día porque conocía a esos dos desde la cuna y con sus tonterías me habían dicho más de lo que creían. Uno disimulaba, uno no sabía nada. Eso alimentó mis certezas y hasta me di el lujo de tener esperanza.
 A pesar de la amenaza, aquella noche escuché la puerta abrirse suavemente y me incorporé de golpe haciendo que el intruso se detuviera a los pies de mi cama.
 ––No me eches, no es una broma ––dijo con voz grave, pareciendo más etéreo que de costumbre a la luz de la luna. Y lo sabía, me daba miedo, pero lo sabía. Abrí los brazos para recibirlo y nos fundimos en un abrazo a la vez breve y eterno.
 Aquel verano lo amé y lo dejé amarme. Era lo más puro y lo más hermoso que me había pasado en la vida entera. ¿Pero cómo podía amar a alguien sin nombre? El misterio era atractivo, pero la frustración fue más grande, no importaba lo que hiciera, no importaba la confianza que intentara transmitirle, no había forma de que revelara su secreto. A duras penas conseguía que me hable, por miedo a que por un dejo o una palabra descubriera quién era. Me volvía loco.  Traté de dejarlo, traté de no hablarle, pero no era tan fuerte. Incluso pensé en marcarlo, excusándome por algún rapto de pasión, para reconocerlo por la mañana, para que me confirmara lo que yo ya sabía y necesitaba oír. Pero jamás, ni en la más infinita locura y frustración lo hubiera obligado.
 La última mañana de verano fue cuando, aterrado ante la perspectiva de abandonarlo para volver a la vida cotidiana, no pude contenerme. Desperté en el momento que se sentó al borde de la cama para volver a su cuarto y me aferré a su cintura.
 ––¿Seguirás jugando mucho tiempo más al amante fantasma? ––pregunté, besando su columna. Se estremeció, pero no respondió––. Me voy hoy, y aunque me sigan la próxima semana, en la ciudad no te será tan simple escabullirte por las noches en secreto y regresar antes del alba.
 Siguió sin responder.
 ––En ese caso, supongo que tengo que asumir que no me quieres y no fui más que una diversión de verano.
 ––No oses siquiera pensar eso ––dijo más fuerte y claro de lo que me había hablado en meses, aferrando mis manos con demasiada fuerza. Casi con desesperación.
 ––¿Entonces?
 ––Me asusta ––confesó mirando el suelo.
 ¿Cómo podía presionarlo si tenía miedo? Tenía que decirle la verdad, de ninguna forma iba a perderlo. Besé su hombro y me detuve en su oído.
 ––Sé quién eres ––susurré––. ¿Crees que hubiera dejado que algo de todo esto ocurriera si no lo supiera? ¿Crees que podría amarte como te amo si no lo hiciera?
 Como única respuesta, me miró a los ojos y me sonrió con esa suficiencia propia de la gente apuesta que sabe que es apuesta. Me besó fugazmente en los labios y salió por la puerta, sin creerme.
 Lo dejé. Iba a hacer que me creyera antes de marcharme, o no me marcharía. Bien poco me importaba todo, tener que regresar al trabajo incluido.
 Las despedidas ya no eran dramáticas como las de pequeños, aunque sospecho que lo serían de no ser porque nos las ingeniábamos para vernos casi a diario el resto del año. Abracé con cariño a su padre, a él no lo vería tanto, abracé a Mike y como siempre competimos por ver quién le daba palmadas más fuertes en la espalda al otro. Ganó, como de costumbre. Tomé aire y abracé al otro. Abracé a mi amor. Besé rápidamente su mejilla y me dirigí a su oído.
 ––Nos vemos en Londres, amante secreto.
 Me aparté de él para ver como palidecía y su rostro se descomponía por un segundo.  Entonces me miró con los ojos cargados de cariño y me sonrió radiante. Tanto que volví a abrazarlo y no dudé en besarlo.
 Su hermano rompió en aplausos y él me miró a los ojos dejándome ver que por fin comprendía que jamás me había engañado. Es muy simple, es muy claro, no hay secretos ni rasgos idénticos capaces de opacar la luz que emana la persona que amas.

Acabo de ponerle el punto final, como conté arriba, 100% improvisado y a último momento, así que no estoy del todo conforme. Sobre todo porque la extensión era limitada y no pude desarrollarlo bien. Amo a estos personajes y no les hace del todo justicia lo que escribí, así que no se asombren si ven pequeñas modificaciones con el paso de las horas (lo publico ya porque se me acaba el plazo para presentarlo).

Reitero, estos niños son muy importantes para mí. Son una de mis creaciones que más amo, me acompañan desde hace años y jamás, hasta hoy, creí que iba a compartir algo sobre ellos acá. Sin embargo, el egoísmo atacó y me guardé, no solos sus descripciones, sino también sus nombres para mí. (Me salió el Basil de Dorian Gray de adentro, vieron eso de "Cuando quiero a alguien de verdad, no me gusta decir su nombre a nadie. Es como ceder una parte de él.") Dios, les hablo de mis personajes favoritos y cito a Wilde para hacerlo, me hago feliz a mí misma jaja

Primera vez que leen un relato mío no humorístico, ¡yay! Tenía que ponerme en la piel de un chico para que me brotara el romance jaja

Espero que mi inseguridad sea infundada, y les guste más que a mí :)

Wednesday, October 30, 2013

12 Noches de Halloween #11 La abuela

¡Hola, hola!

Este es mi relato para Adictos a la escritura de octubre, estoy muy contenta de que el grupo haya vuelto a la acción porque me hace escribir aunque sea un poco todos los meses, incluso cuando creo que no tengo tiempo para hacerlo. También, porque soy tan insegura y auto critica escribiendo que realmente disfruto tener una excusa para animarme a dejarles leer lo que escribo.

Este mes tocó el terror.

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De chica amaba los relatos de miedo, leerlos y escribirlos, pero después descubrí que me sentía mucho más cómoda escribiendo historias realistas y, yendo al otro extremo, que el fantasy era mi elemento. Así, entre dramas del mundo real y aventuras en mundos fantásticos, el pobre terror quedó recluido. Cada tanto me llegaba alguna idea, pero siempre moría en un cajón. Por esa razón, realmente creí que no iba a salir nada en este ejercicio. Pero me equivoqué y con ayuda de viejas anotaciones que descansaban (en paz) en algún cuaderno olvidado, cuando quise acordar tenía tres relatos peleándose por ser publicado acá hoy.

Me dejo de bla, blas y, sin más desvaríos de chica loca, el relato del mes:

LA ABUELA

Mary estaba parada delante de su tumba. ¡Su tumba! ¡Qué locura! Solo que aquella no era su tumba, no había forma de que lo fuera porque ella estaba vivita y coleando. No importaba lo que dijera la placa:
María Paula Racola

1949-2001

“Sus amados hijos y su querido esposo la recuerdan con cariño”
La recuerdan con cariño, ¡pedazo de papanatas! ¡Si ella no estaba muerta! Pateó el suelo en un atisbo de rabieta y el dolor en la uña encarnada del dedo gordo le confirmó que aún sufría los penares de la vida.

Todo empezó cuando fue a renovar su carnet de la obra social, temprano a la mañana.

––Usted está muerta, abuela ––le dijo el empleado detrás del escritorio––. No se lo puedo renovar…

––Mmm… Abuela ––se ofendió Mary. Que sus nietos le dijeran abuela, vaya y pase, pero ¿ese mal educado? ¡Qué se creía!

Salió rezongando, no podía perder tiempo con ineptos impertinentes, tenía que ir hasta el mercadito antes de volver a casa. Era el cumpleaños de Arnoldo (el querido esposo que la recordaba con cariño) y como siempre había organizado cena con todos sus amigos, total, la esclava cocinaba. Eso sí, para su cumpleaños el señor no movía ni un dedo. ¡Años sin sacarla a cenar a ningún lado! Ese Arnoldo desconsiderado, egoísta y… y… ¿Qué era lo que tenía que comprar? Crema de leche, azúcar impalpable y esencia vainilla (para hacer crema chantilly, porque eso de comprarla ya hecha era una barbaridad, una herejía, ¡puro químico! Cualquier mujer que no batiera su propia crema, no era digna de confianza.)

––Disculpe, señora ––le dijo el muchacho de la caja en el supermercado––. Va a tener que irse, está alterando a los clientes.

¿AL-TE-RAN-DO-A-LOS-CLIEN-TES? ¡Dónde se había visto semejante desfachatez! ¡La intolerancia hacia los ancianos debía acabar! ¿Por qué el gobierno no hacía algo al respecto? Está bien que ella hacía ya años que no votaba, pero aún así seguía teniendo derechos, ¿no?

Se lo dijo al empleado.

––Sí, abuela ––le respondió––, los ancianos tienen derechos, pero usted está muerta.

«Mmm… abuela», pensó Mary. Y sí, había adelgazado unos kilitos y los años no venían solos, pero de ahí a confundirla con un muerto… ¿Dónde había quedado el respeto a los mayores? Ya la tenían cansada tratándola de cadáver insepulto. Tenía que acabarse aquel disparate. Con paso decidido se olvidó de la crema y salió derechito al cementerio.

Y así volvemos al comienzo. En el lote que –siempre tan prevenidos– habían comprado con Arnoldo, había una tumba. Esa tumba, tenía un nombre. Ese nombre, era el suyo. ¡Pero ella estaba bien viva, señores! ¡No iba a tolerar semejante ultraje! ¡Iba a hacer la denuncia a la policía!

––Hay un muerto en mi tumba ––le dijo al oficial, que la observaba desde su escritorio con los labios sellados y los ojos fruncidos––, y ese muerto no soy yo. ¡Quiero denunciar usurpación de última morada!

––No puedo hacer nada por usted ––le explicó tras chequearlo en la computadora––. No podemos tomarle la denuncia a individuos sin pulso y usted lleva muerta doce años, abuela.

––¡Ja, abuela! ––rugió Mary y se dio por vencida porque estaba cansada. ¡Ni con la policía se podía contar ya! ¡Qué individuo sin pulso ni individuo sin pulso, eran unos vagos absolutos!

Volvió a su casa sin las cosas para la crema chantilly y con los pies reventados.

––¡Ay, Arnoldo! ––dijo entrando a la cocina––. ¡No sabes que mañana más larga tuve! Vas a tener que disculparme, pero este año la torta va a ser sin crema. Mejor, este año el cumpleaños va a ser sin torta. No estoy para andar cocinando, ¡no doy más de las piernas!

––¡Ay, Mary! ––exclamó el estupefacto Arnoldo, volteándose con una taza de café a medio servir en la mano––. ¡Otra vez! ¿Cuándo lo vas a entender? ¡Te moriste, Mary! ¡Te moriste! ¡Entendelo de una vez y volvéte la tumba que me estás llenando la casa de olor a muerto!

Entonces Mary… se acordó.

Ah… sí, sí estaba muerta. Arnoldo tenía razón. Muerta desde hacía tanto que a veces se olvidaba. Pero Arnoldo… Año tras año más mal educado ese Arnoldo. Si fuera al revés y él no se olvidara de su cumpleaños ni de muerto, ella estaría chocha de la vida. Pero el señor no. Siempre un quisquilloso mal agradecido.

«El próximo año» se dijo mientras volvía a su tumba, «ni me molesto. Me voy a quedar jugando a la canasta con ese monje divino que está enterrado justito abajo mío y, a Arnoldo, que salga a saludarlo su abuela».


Tres cosas, antes de dejarlos ir. Lo voy a poner en letra más chiquita así parece menos :P
1) Si la personalidad de Mary les recuerda a alguien que conocen, es mera coincidencia y PARA NADA está inspirada en mi propia abuela. ¡PARA NADA!
2) Sé que no da miedo. No pretende dar miedo. Quise hacer algo distinto, más bien bizarro que de terror y me gustó en general (pero no del todo) como quedó esto.
Además, me gusta hacer reír y son pocas las oportunidades que se me presentan de escribir cosas hilarantes.
3) Este relato tiene un background: estaba mirando las noticias alguna vez y vi a una mujer con su certificado de defunción en la mano, quejándose de que -por supuesto- ella no estaba muerta. Hasta pasaron su tumba y hablaron de su entierro. Fue una estafa, o algo mundano y feo por el estilo. Yo preferí pensar que la señora de verdad estaba muerta, pero no se acordaba. Y tuve que correr a anotar mi final alternativo, porque DEFINITIVAMENTE tenía que hacer algo con eso.
Nota al pie (?): creo que es la primera vez que escribo algo con tantos argentinismos, me resulta rarisimo leerlo.

Ahora sí, los libero. Sé que van a tener pesadillas conmigo hablando sin parar (porque, claramente, alguien que escribe tanto habla cerca del triple jaja). Tenía mucho que decir de este cuento, ¡no sean malos! :P


¡¡¡¡FELICES DOCE NOCHES DE HALLOWEEN!!!!

Y nos vemos mañana con el cierre del especial ^^

Imagen

Monday, February 25, 2013

Adictos a la escritura: Fuera de lugar

¡Holis! Llegó otra vez ese día del mes :D
No iba a participar de este proyecto porque cuando ganó la votación ya tenía algo en mente, pero cuando lo publicaron pusieron consignas fijas y lo que tenía pensado ya no servía. Pero me arrepentí y participé igual :P

La consigna era escribir una escena con elementos que no tuvieran nada qué ver con el contexto habitual. Yo elegí: Una fiesta de graduación. Elementos fuera de lugar: un tractor, un biberón y un sable.


ADVERTENCIA: dado que esto fue improvisado y que la consigna se presta al disparate, no esperen una graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan coherencia en este relato.


   Niñera de día, espía de noche. Esa era ella y estaba segura de que el Doctor Sable iba a atacar en el baile de graduación de la preparatoria Stranford.

   De hecho, no era una certeza sino una obviedad. Allí estaba la hija del gobernador pavoneándose con una esmeralda de cien mil dólares en el cuello y la seguridad del establecimiento era de cuarta. Más que de cuarta, de quinta, sexta, de decimotercera. Ella acababa de entrar por la puerta principal con una granada de mano en la liga y una calibre treinta y dos en la pantorrilla, además, entre la multitud de adolescentes apretujados, se encontraba su compañero armado hasta los dientes, y ni siquiera los habían mirado al entrar o había sonado el detector de metales.


    
––Perro viejo a Mamá mono, Perro viejo a Mamá mono ––llamó su jefe por el dispositivo que llevaba en el oído. ¡Por qué tenía que gritar tanto! Tenía el maldito aparatejo incrustado en el tímpano, con un susurro bastaba para que lo oyera y tuviera migraña ocho días consecutivos––. Individuo de piernas largas acaba de colarse por la ventana del baño.

    
––Entendido.

    
––Reitero, individuo de piernas…

    
––¡Qué ya entendí!

    
––¡Vaya humor, Mamá mono!

   No le respondió. Qué podía saber el maldito imbécil lo que era tener dolor de ovarios, llevar el vestido más incomodo y ajustado del mundo y estar rodeada de un centenar de adolescentes estúpidos y ricos (lo que inexorablemente los hacía aún más estúpidos), que no dejaban de empujarla y pisarla. Sin contar que estaba esperando que un maniático atacara, pero mientras la música le taladraba hasta lo más hondo de su cerebro, pensó que aquello era lo de menos. Incluso estaba de humor para un baño de sangre.


 
 ––¿Qué persona en su sano juicio permite que una mocosa lleve encima una joya tan valiosa para un baile escolar?  ––Su compañero era bueno, no lo había escuchado llegar ni sabía cuánto hacía que estaba de pie a su lado––. Supongo qué Dios le da pan…

   
 ––No.

   
 ––¿No?

    
––No, Dios nada. El dinero hace a las personas idiotas. Los idiotas se atraen entre idiotas y engendran idiotas. Los idiotas engendrados por idiotas van por el mundo haciendo idioteces y de esas idioteces vivimos.

   Él iba a responderle que era un buen argumento, pero se apagaron las luces y se cortó la música, un reflector verde iluminó el centro del escenario, hubo humo, abucheos y de repente ¡puff! Un hombre de piernas largas y galera apareció con una reverencia.


   El buen Doctor Sable, siempre tan predecible. No podía vivir sin llamar la atención, ¿cómo era que todavía no lo habían atrapado? Estaba segura que bastaba con arriarlo a aplausos para meterlo tras las rejas.


    
 ––¡Damas y caballeros!  ––dijo el director del instituto subiendo al escenario a los trompicones––. ¡Con ustedes…! Este… eh… ¡un mago!

   El director era de otro tipo de idiotas. Era un idiota que sacaba provecho de idiotas más grandes que él fingiendo que podía enseñarles algo a los idiotas que habían engendrado.


   Una sonrisa siniestra cruzó la cara del Doctor Sable, el ala de su galera le cubrió los ojos y nuestra espía supo que había llegado la hora de actuar. Se levantó la falda, tomó la granada y… ¡¿Un biberón?!   ¡Por cada demonio del Averno! ¡La señora Williams iba a matarla! (Nota: a quince cuadras de distancia un pequeñín dormía en su cuna abrazado a una granada de mano). Sacó la pistola de su pantorrilla y, mientras comenzaba a disparar como loca, le hizo señas a su compañero. Plan B.


    
 ––Mamá mono a Harold, el espantapájaros  ––chilló para el aparato de su oído––. ¡P-R-O-C-E-D-E!

   No hubo tiempo de esperar una respuesta, el Doctor Sable se quitó la galera y con unos pases de magia (¡alakazim, alakazam!), sacó de ella… bueno, un sable, y se lanzó del escenario cercenando adolescentes a su paso, intentando alcanzar a la hija del gobernador, que no estaba impresionada porque había visto mejores magos en Las Vegas el año anterior.


    
 ––¿Me permite su joya para un truco, señorita?  ––exclamó con su voz de caballero sureño al llegar junto a ella. Y la chica accedió, porque ya conocía ese truco y era di-ver-ti-dí-si-mo. Por supuesto, no esperaba que el truco del Doctor Sable fuera desaparecer con joya y todo en un ¡puff! como con el que había llegado.

    
 ––¡Mierda!  ––gritó la espía mientras su compañero seguía disparando a dos manos otro poquito por las dudas (y porque lo hacía sentir macho, macho). La hija del gobernador primero rió como posesa, luego empezó a gritar histérica.

   Varios comenzaban a lamentar que el Doctor Sable se hubiera marchado con su sable sin haber hecho algo al respecto con la hija del gobernador y sus chillidos, cuando hubo un gran estruendo. Un tractor verde y amarillo acababa de llegar tirando abajo una pared. Harold, el espantapájaros había llegado tarde, como siempre.



Y este fue mi relato del mes :3
Nota: el titulo es un enlace, si creen que no tiene nada qué ver con nada, háganle click xD

Tuesday, January 29, 2013

Adictos a la escritura: Fin del mundo frustrado

¡Hola, personillas!
El mes pasado me uní a Adictos a la escritura, ya que me pareció una muy buena iniciativa para escribir algo nuevo todos los meses.
Esto no quedó cómo quería, pero dado que -sin quererlo- el primer borrador RIMABA y parecía cosa del Doctor Seuss, ahora que no rima creo que está presentable jaja

Dajandome de dar vueltas:

RAMÓN, EL IMPÍO

No se decidía entre Ramón el Impío o Ramón el Salvador. Nunca había entendido qué significaba impío realmente, pero le gustaba como sonaba y creía que le daba una imagen de dios iracundo que lo hacía temblar de placer. Aunque, el Salvador… era irresistible, lo hacía sentir grande y poderoso, digno de respeto y admiración. Era todo un dilema, ¿admiración o temor? Él lo quería todo. Ser temido, amado y respetado.

    –Buenos días, Ramón –saludó su vecino mientras cruzaba la calle.

    –Feliz fin del mundo –respondió Ramón, el salvador impío, con un asentimiento de cabeza.

    Había estado chequeando las provisiones por milésima vez en la semana y había decidido que no había suficiente tabaco. No sabía cuántos fumadores sobrevivirían, pero no quería que su pueblo, aquel que iba a adorarlo y venerarlo, sufriera un ataque de ansiedad por falta de nicotina y corriera sangre. Así que, mejor prevenir que curar, iba a gastarse el resto de su salario  –total, ya no iba a necesitarlo– en cigarros antes de que el mundo ardiera en llamas y todas las tiendas se derrumbaran.

    Dos años atrás, mientras merodeaba por la estación del metro, había encontrado un libro. Ese libro, escrito por algún estadounidense con cara de pájaro y lentes redondos, había cambiado su vida. De forma muy precisa y técnica (ya que era un libro fruto de varios estudios científicos) narraba paso a paso la serie de cataclismos que azotarían la tierra en el 2012 y Ramón vio en aquellas profecías, en aquel estadounidense con pequeños ojos de loco y en los mismísimos mayas, la oportunidad de hacer realidad su más grande sueño: convertirse en un héroe.

    No en cualquiera, en el más grande del mundo. En el único del mundo.

    No más desprecios, no más rechazos ni más risas. No más narices arrugadas ni cambios de asiento cuando se sentaba junto a alguien en el bus. Un héroe. Un dios.

   Llevaba dos años haciendo planes y preparativos. Su sótano se había convertido en su fuerte. En los estantes que había fabricado exclusivamente para la ocasión, se contaban ciento ochenta y tres enlatados de distinto tipo, doce bidones de diez litros llenos de agua que, en el 2010 cuando la envasó, era potable. Tenía una caja de tabaco llena de balas y se había hecho con una escopeta. Además tenía ciento tres paquetes de cigarros (catorce de ellos empezados en momentos de debilidad y urgencia) y cinco cajas de fósforos.

   El plan era simple, en cuanto comenzaran las explosiones solares, correría calle abajo y, gracias a la adrenalina causada por la situación, salvaría a todos los de la lista, guiándolos al sótano.

   Sí, tenía una lista.

   No podía dejar la identidad de quienes habitarían su reino en manos del azar. Ni hablar. No iba a tolerar a gente indeseable repoblando el mundo. Había hecho y deshecho la lista de sobrevivientes decenas de veces a lo largo de los dos últimos años. Primero, porque era perro de pocas pulgas y a veces alguien de la lista lo hacía rabiar perdiendo –sin saberlo– su puesto en la salvación. Segundo, su sótano no era tan grande. El cupo era limitado y dado que él sería el dios de esa gente, sentía que tenía derecho a algunos privilegios.

   La lista contaba con más mujeres que hombres y unos pocos niños (los niños se ponen irritables en momentos de tensión y él, el salvador de su pueblo, no podía concentrarse entre berrinches). No había necesidad de preocuparse por la subsistencia de la raza humana, el aún era joven y estaba seguro de que, si no todas, la mayoría de las señoritas de la lista iban a estar deseosas de repoblar la tierra con sus vástagos.

   Todo iba a ser perfecto. Trágico, complicado el primer tiempo, pero perfecto. Sería amado y venerado, crearía una sociedad simple y pacifista. Vivirían de la tierra y de lo que encontrarán entre los escombros. Podía verlo, serían felices en muy poco tiempo. Sin guerras, sin políticos ni religiones, sin materialismo ni tecnología. La humanidad en su estado más puro y primitivo. Iba a ser perfecto, lo sentía en los huesos.

   Acomodó diecisiete nuevas cajetillas de cigarros con las demás y salió del sótano rascándose la barba. No le puso la traba a la puerta, iba a necesitar abrirla pronto.

   Se asomó a la calle y se despidió del mundo, de su manzana, de su barrio. Trató de grabar en su retina los edificios, el cielo azul y los árboles, que en breve ya no existirían. Le dijo hasta pronto al sol de la tarde, sabía que hasta que no se disipara el polvo y la ceniza no volvería a verlo. ¿Sería aquel sol el mismo después de haber destrozado el mundo? ¡No podía esperar para averiguarlo!

  Vanagloriándose por anticipado y riéndose de aquellos que en minutos serían solo un manojo de tripas reventadas, acomodó una silla junto a la ventana y, escopeta en mano –porque uno no debe descartar nunca un apocalipsis zombie–, se sentó a esperar.

  Al principio la tensión y los nervios lo tuvieron al borde del asiento, a la expectativa. Con el correr de las horas comenzó a relajarse. La tranquilidad se convirtió en aburrimiento, el aburrimiento en decepción. Cada tic-tac del reloj alimentaba su frustración. La oscuridad, que ya había embargado su casa y se expandía por el cielo mientras se retiraba el sol, comenzaba a atacar sin tregua los sueños que albergaba en su alma y a alimentar sus miedos.

   «¡No me fallen, mayitas!» pensaba, intercalando sus plegarias con algunas maldiciones.

   El cielo se llenó de estrellas, la iglesia de su barrio llamó a la misa de las ocho, los jóvenes poblaron las calles ansiosos por empezar el fin de semana. Ramón, con los nudillos blancos aferrados al cañón de su escopeta, intentaba convencerse de que en cualquier momento llegaría el impacto, pero el mundo parecía no tener ningún apuro por acabarse.

  Era noche cerrada cuando su cabeza cayó contra su pecho. Llevaba horas empeñado en batallar contra el sueño, pero lo había vencido.

  En la cabeza de Ramón, el salvador impío, el mundo ardía. Él era un héroe valeroso salvando damiselas en apuros del fuego del fin del mundo. Fuera, el veintidós de diciembre amanecía, tan perezoso y aburrido como cualquier otro día.

¡Ta-tan! (?)
No sé como habrá quedado la historia, pero controlé mi adicción a los adverbios y eso me hace sentir muy orgullosa jaja (no sé si puedo decir lo mismo sobre las comas ^^U)

Criticas y consejos totalmente bienvenidos :)

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